Firmeza, acogida, tu postura al dormir y tu complexión: todo lo que decide si un colchón es el adecuado para ti.
Por qué importa la firmeza
La firmeza decide si tu espalda descansa de verdad.
Mientras duermes, los discos de la columna se rehidratan y recuperan la forma que pierden durante el día por la compresión.
Si el colchón no da el soporte correcto, la columna adopta una postura forzada toda la noche y esos discos no llegan a recuperarse: de ahí la rigidez y el dolor al despertar.
Firmeza y acogida no son lo mismo
Firmeza
Es el soporte global del colchón: el que mantiene tu columna alineada mientras duermes. Depende sobre todo del núcleo: muelles ensacados, muelle de hilo continuo o espumaciones HR.
Acogida
Es la capacidad de la capa superior para adaptarse al contorno del cuerpo y aliviar la presión en hombros, caderas y zona lumbar. La aportan las capas de confort: látex, viscoelástica, lana o fibras naturales.
Un colchón puede tener las dos a la vez; de hecho, es justo lo que se busca.

Qué firmeza necesitas según tu complexión
Un colchón con el soporte adecuado a tu complexión ayuda a que la espalda encuentre su posición natural, la base de un descanso realmente saludable.
Complexión ligera
Firmeza suave, para lograr una buena adaptación y que la columna quede en su posición óptima.
Complexión media
Firmeza media, para una adaptación óptima que deje todo el cuerpo apoyado sin puntos de presión.
Complexión fuerte
Firmeza alta, para tener el soporte necesario y que la espalda mantenga su forma natural.
Cómo tu postura ajusta esa firmeza
Tu postura no sustituye la firmeza de tu complexión: la ajusta hacia arriba o hacia abajo.
Boca abajo
Un punto más firme que el que te corresponde por tu complexión, para que la cadera no se hunda.
De lado
La misma firmeza que tu complexión, o un punto más suave, para que se adapte bien al hombro y la cadera.
Boca arriba
La firmeza de tu complexión, sin ajustes: la que mantiene la espalda en su posición natural.
Señales de que tu colchón ya no es el adecuado
Te despiertas con dolor o rigidez en la espalda.
Notas hundimientos visibles o ruidos al moverte.
El colchón ha perdido su forma y no se recupera cuando te levantas (se queda marcado).
Te despiertas por la noche porque necesitas cambiar de postura.
Te despiertas más cansado que cuando te acostaste.
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